Antonia Alba, una activista de la ‘igualdad real’ contra el discurso feminista

Por Berta González de Vega. Publicado en EL MUNDO el 5 de mayo de 2018

Un premio puede sentar «fatal». Sobre todo si se llama Filoxera (plaga mala) y es el malo frente al premio Racimo, si te invita a reflexionar y si considera que boicoteas la igualdad entre hombres y mujeres. A Antonia Alba, abogada de Conil (Cádiz), le sentó así cuando recibió el correo que le anunciaba el galardón, mientras estaba en el hospital con su padre. Se recompuso, lo contó en sus grupos de Igualdad Real y pensaron que lo suyo era ir a recogerlo. Según cuenta, no se lo puso fácil el Ayuntamiento de Jerez, entidad que daba el premio con jurado. Suspendieron la entrega el 8 de marzo por la huelga feminista y Antonia tuvo que insistir para que le dijeran nueva fecha con un poco de antelación, porque quería ir acompañada. Se lo dijeron con dos días. Llegó y se explicó. Tanto, que el vídeo con su intervención se hizo viral. «Soy abogada y a mí no se me puede rebatir lo que vivo y conozco», explica.

«Yo era una adoctrinada más. Consideraba que los hombres eran malos porque es lo que te dicen los medios. Yo no conocía a ningún hombre malo, pero si la tele lo decía, pues los hombres eran malos. Un día, en una guardia del turno de oficio, me tocó un hombre que había sido denunciado por violencia de género. La Guardia Civil me dijo que era un buenazo, que lo conocían, y yo pensé, soberbia de mí, que, como eran hombres, se estaban apoyando. El hombre se quedó detenido hasta el día siguiente, cuando me lo encuentro agazapado en una celda, no me miraba, no me hablaba y yo cada vez más insolente porque no me contestaba. Le llegué a decir que si quería un abogado hombre. Cuando indago, hablo con los hijos y me doy cuenta de que el maltratado era él. Esa dosis de realidad no la pude gestionar en ese momento, lloré, no sabía cómo me había atrevido a juzgar de antemano a mi cliente, cuando yo era incluso su defensa. Empecé una penitencia». Es la reflexión que hace la abogada al preguntarle por su acercamiento a los grupos que están denunciando la desigualdad entre los hombres y mujeres en la Ley Integral de la Violencia de Género, avalada por el Tribunal Constitucional.

Antonia Alba lleva reflexionando desde aquel día en los calabozos. Y aprovechó el acto de entrega del premio en el Ayuntamiento de Jerez para hacer públicas sus conclusiones. No eludió el asunto espinoso por el que le habían premiado. Con el premio la pretendían avergonzar por haber hablado en una entrevista de denuncias falsas por malos tratos. Al empezar su discurso ante el jurado, entre el público se escuchó un «¡Qué vergüenza!». Pero ella siguió hacia «el meollo de la cuestión». Dijo que las cifras de las denuncias falsas del CGPJ eran indiscutibles, y añadió: «¿Me podéis discutir a mí que el 80% de las denuncias de violencia de género acaba en archivo o en sobreseimiento? ¿Por qué no se investiga ese tipo de procedimiento por parte de Fiscalía, por si en alguno de esos casos hay simulación de delito o una denuncia falsa?».

Pero sigamos con la caída del caballo de Antonia Alba, madre de dos niños varones pequeños, que denunció en el discurso cómo el colapso de los juzgados de violencia de género podría estar dejando desprotegidas a las víctimas reales. Después de contactar con grupos de custodia compartida, se empezaron a agrupar mujeres: «Madres, abuelas, segundas esposas, incluso parejas actuales que han sido víctimas de maltrato, que tienen la visión de las dos partes, mucha familia partera, muchas tías. Un grupo muy variado», hecho partido, Igualdad Real, que nace de la confluencia de asociaciones de toda España.

«¿Por qué cuando una mujer pide ayuda, el sistema se levanta y cuando es un hombre, no? Desde que se ha despenalizado el incumplimiento del régimen de visitas, ¿cuántos padres se quedan sin ver a sus hijos y tienen que ir a un juzgado civil donde los procedimientos tardan meses? Pero si un hombre deja de pasar la pensión a esos niños a los que no le dejan ver, que tiene obligación porque a esos niños hay que alimentarlos, se le puede pedir con efecto retroactivo. ¿Es más importante el dinero que el bienestar de esos niños, que no ven a sus familias paternas? ¿Dónde quedan los besos, los abrazos, las risas, los regalos de esos padres, de esos abuelos, de esos tíos? ¿Quién lo devuelve? Te rompe el alma», explica. «Esta ley incita al odio y fomenta una desigualdad en razón de sexo».

La primera manifestación de Movimiento Femenino por la Igualdad Real fue en enero de 2017 en la Puerta del Sol. Donde, dice Antonia, hoy hay un hombre en huelga de hambre porque lleva 500 días sin ver a su hija, absuelto de dos denuncias de malos tratos. No tuvieron repercusión. Tampoco lograron titulares con la asamblea fundacional de Igualdad Real en Salamanca, hace un par de semanas, para «luchar por los Derechos Humanos», dejar de enfrentar a hombres y mujeres y empezar a pensar en personas. Todo cambió con el premio Filoxera, plaga mala. Resultó viral.

¡Filoxeras a mí!

El Ayuntamiento de Jérez concede hace ya tiempo un premio llamado “racimo” a aquella persona o institución que más ha contribuido al desarrollo de la mujer. El revés de ese galardón es el denominado premio “filoxera”, con el que se pretende denigrar a la persona o institución que, según el criterio del feminismo más recalcitrante, tiene en su debe declaraciones o iniciativas que, supuestamente, menoscaban el ‘desarrollo de la mujer’. Hasta ahora, ningún agraciado con el filoxera había acudido a recogerlo, y se entiende, pues nadie gusta de ir al circo si es para llevarse tartazos en la cara. Este año, no obstante, la abogada Antonia Alba ha roto la tradición y, con ello, los esquemas de aquellas que, desde la atalaya del poder, se arrogan la potestad de distinguir entre buenos y malos.

Camille Paglia: «Hace falta que hombres y mujeres vuelvan a valorar los códigos del cortejo».

Foto: De Fronteiras do Pensamento – Camille Paglia no Fronteiras do Pensamento São Paulo 2015, CC BY-SA 2.0

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